domingo, 20 de diciembre de 2009

POR UNA NAVIDAD CON NUESTRO COLOR Y NUESTRO SER NACIONAL

Aunque lo quisiera, no podría evitar que los daimones desborden con sus torrentosas aguas de preguntas el dique de mi parsimoniosa plástica cerebral justo en el momento en que el tramontina se hunde en la esponjosa piel de un pan dulce con frutas, almendras y nueces que, a razón de una tajada promedio, posee, calculando a ojo de buen cubero la nada despreciable cantidad de 600 o 700 calorías. Esto que cuento me sucedió no una vez, sino varias veces durante mi vida. Un pan dulce, un paquete de garrapiñada, un budín marmolado con chips de chocolate, era motivo para detenerme a pensar un buen rato sobre el porqué acostumbramos consumir alimentos con tantas calorías siendo que las épocas festivas de navidad, fin de año y reyes no bajan de los veintinueve grados centígrados promedio en esta parte del mundo. Y lo que partió con dudas sobre los hábitos alimenticios durante las fiestas de fin de año se prolongó al total del corpus de tradiciones que hacen propias a éstas fiestas. ¿Por qué carajo es que, cagados de calor, adornamos un pino nevado, porqué el papá Noel que trae regalos viene en un trineo volador tirado por unos renos que por estos lares morirían reventados por la canícula de traje y etiqueta siempre presente en estas fiestas?

Me detengo un poco en el tema de los Papá Noel de los centros comerciales. Les juro que cuando veo a esos fantoches disfrazados de rojo y blanco con una tupida barba contratados por los centros comerciales para posar en las fotos con los nenitos sinceramente me apiado de ellos. Creo que después del confinamiento a Sierra Chica, estar seis horas disfrazados de Papa Noel a la entrada de un centro comercial es la peor condena que le puede tocar a un delincuente, aunque haya aire acondicionado central, porque con esa tela polar el calor se sufre de todas maneras, tener que sonreír a todos los niños sonrientes portando sus paquetitos con la nueva play, con suerte, sentado, sin poder ir al baño – un papa Noel cagándose o meándose no es muy festivo que digamos – preguntarles el nombre a cada uno… abrazar a Lautarito, a Josesito, a Pía, a Catriel, a la Pili, a la Pipi, y fotos, y fotos, las gotas de sudor que se les escurre por la barba, las bolas que se les paspan por el raspar de la tela. Una cagada. El laburo de disfrazarse de Papá Noel es una reverenda cagada. Es más leve Sierra Chica que eso. Estoy seguro.

Sigo entonces con el tema primero. A ver me digo ¿Qué carajo son estas tradiciones que nos obligan a festejar como si estuviéramos en invierno siendo que estallamos de calor? Pensemos ¿Dónde hace frío en los días de diciembre? En el hemisferio norte. Y no es errado pensar que cuando decimos hemisferio norte decimos América del Norte y, primordialmente, Europa. Explicando a esos lugares podemos explicar el por qué festejamos unas fiestas con símbolos y tradiciones más propias de un invierno que de un estío. Es decir, como tantas otras cosas, copiamos el modo de festejar las fiestas de fin de año como las festejan en Europa. Y así sí entendemos que el pan dulce tenga tantas calorías, que el pino esté nevado. Allá arriba del mundo se celebra así, comiendo cosas calóricas para aguantar el frío, se arma un arbolito que allá está nevado de verdad, donde la gente está toda abrigadita cantando villancicos en una hogar a leños – si nosotros haríamos lo mismo nos convertiríamos en pollos de rotisería – allá trinchan pavos por que no tienen la carne vacuna que tenemos por acá. Es más, el reventado Papá Noel fue alguna vez un Santo Europeo, obispo, preso por Constantino que luego las vueltas de la vida, y gracias a la empresa Coca Cola salió vestido de rojo y blanco y en trineo tal como lo conocemos hoy.

O sea, mis queridos lectores, todos estos festejos de fin de año, están teñidos del carácter festivo de las potencias centrales del mundo.

Dejemos fuera de este cuestionamiento el hecho de lo universal de estas fiestas. No discutamos sobre el origen cristiano del 25 de diciembre que fue más convencional que real. A un papa se le ocurrió que Cristo nació un 25 de diciembre – de hecho toda religión no es más que un cuerpo de convenciones ocurridas a un grupo de ciegos, de sordos y de mundos que acomodaron lo que debía ser la fe y lo que se debía creer pura y exclusivamente en su propio provecho, con lo que podemos decir tranquilamente que la religión es fenómeno más económico y de poder que un hecho místico en sí –. O sea, las fiestas de fin de año se festejan en todo el mundo. Dejemos de lado que estas fiestas tienen un fondo más comercial que religioso últimamente. Eso también pasa en todo el mundo y no es el propósito de este opúsculo entrar en ese terreno. A ver si me explico…

No se trata de no festejar estas fiestas, al contrario, se trata de festejarlas pero A NUESTRA MANERA y acorde a la estación que nos toca vivir. Ya no quiero ni pinos nevados con pelotitas multicolores ni regalos colocados en la chimenea, ni alimentos capaces de dar más energía que Atucha 1 y 2 juntas. No, quiero una navidad latinoamericana, una navidad de verano, un fin de año tropical, en ojotas y shorcitos. Basta de festejos a la Europea y a lo yanqui. Tenemos cosas para cambiar esa cultura adoptada para adaptarla a nuestro contexto. Adoptamos las fiestas navideñas, si, pero las adaptamos conforme a nuestra propia identidad. Con esto último no quiero decir que tal sincretismo no haya sucedido, pero son los menos, los podemos ver en las zonas donde aún esta sociedad demente y caótica no ha llegado en todo su esplendor. La idea de este escrito es pegarle una patada en la entrepierna a las grandes urbes, a las grandes masas, para que estas fiestas tengan un color, el nuestro y no el del hemisferio norte.

Es por ello que se ha considerado interesante adoptar unas jacobinas y efectivas medidas, no para cambiar en lo futuro, pero si para sembrar el germen de de lugar a estas nuevas identidades festivas que proponemos.

Las medidas son las siguientes.

1.- Decirles a nuestros hijos que Papa Noel no existe ni tampoco los renos que vuelan ni los trineos flotantes.

2.- Reemplazar la figura de Papá Noel por la del Papá Perón y Mamita Evita. Ellos sí existieron, regalaron y cumplieron a todo el pueblo. Perón dijo lo mismo que Jesús aunque con distintos términos “Los únicos privilegiados son los niños”. Esta frase es el sustento teórico más importantes para reemplazar a Papá Noel por Perón. Por otra parte el peronismo es pueblo y es fiesta. Otro sustento teórico de vital importancia para votar esta moción.

3.- Olvidarse de tomar Coca Cola. Símbolo del imperialismo degradante y antinacional que instauró esa imagen servil del viejo Papa Noel que solo sirve para torturar a convictos y para consumir mucha Coca Cola. Sin dudas esta moción será defenestrada por los consumidores conspicuos de Fernet. Pero deberán entender. O toman el fernet puro o bien con granadina. No hallo de momento sustituto más argentino ni popular a la Coca Cola. Los sustitutos de bebidas colas también deben desterrarse para tener unas fiestas con tinte del hemisferio sur.

4.- Chau pan dulce, budines, almendras, avellanas, nueces, garrapiñadas. De postre sólo ensalada de frutas, helado, canapés de alcayota, arroz con leche, budín de pan o flan casero. Si bien no son lo menos calórico, son lo más propio de nuestro ser argento.

5.- Olvidarse de hacer un pavo relleno costumbre europea y ajena a nuestra identidad. Sí se permiten como hasta hoy los animales asados, lechón, cordero, parrillada completa. Ensaladas, de papas y huevo duro, mixta, las que desee.

6- Nada de comida gourmet o sugerencias que provengan del programa de El Gourmet. Este canal es un emisario propalador del imperialismo del grupo Clarín a las órdenes de Condolezza Rice y Benedicto XVI. Son antipopulares y eso se evidencia en las recetas cuyos ingredientes sólo pueden conseguirse en lugares raros y a precios elevados que privativos de los sectores bajos.

7.- Decirles a los niños que en las chimeneas no baja Papá Noel sino decirles que allí el diablo les muestra el culo y les tira pedos con olor a perro podrido. El lugar para poner los regalos será el asador. Y si no hay asador será en el horno de su casa.

8- El pino se prohíbe como árbol navideño. Cada región adoptará su árbol más tradicional. En el litoral será el ceibo, en la Patagonia la araucaria, en la pampa el ombú, en la Mesopotamia la palmera yatay.-

9.- Se prohíben los villancicos que digan “Navidad blanca” o hagan referencia al invierno o al hemisferio norte. La única música admitida para las solemnidades será la Misa Criolla de Ariel Ramírez y el conjunto “Navidad nuestra” compuesta por el mismo dúo. Para la pachanga, cumbia, y cuarteto. Se tolera escuchar “Bajo fondo tango club”.

10.- Las navidades se hacen en familia y en la casa de familiares. Ir a comer afuera es un acto imperialista y antipatriótico.

11.- Fuegos de artificio si. Porque son lindos y divertidos. Eso si, que sean de Fabricaciones Militares Argentinas. Nada más argentino que el buscapiés, la cañita voladora, el tres tiros, la bomba de estruendo y el bolón explosivo Júpiter. Los fuegos artificiales grandes y de colores son de latino europeizado garca.

12.- Volver a festejar reyes como debe ser y los regalitos que vengan en esa época. Reemplazar los camellos por llamas, vicuñas, pollinos o antas, leones marinos, orcas o ciervos de los pantanos. Los cóndores también sirven.

13.- Otra variante para reemplazar a Papa Noel es ensalzar esa figura antipatria por la del Gauchito Gil, que le robaba a los ricos para regalarle a los pobres. Toda una medida patriota y reivindicatoria. Basta de enanos explotados en el polo norte. Nada mejor que un gaucho matrero y pendenciero que establecía la justicia distributiva en esta parte del continente.

Creo que es poco, pero al menos será un cimbronazo para sacudir la modorra antipensamiento para la sociedad actual.

Por unas fiestas de fin de año universales y felices, pero con nuestro propio ruido y nuestro propio color. ¡¡¡SALUD!!!

1 comentarios:

Recluso nº 1243766 dijo...

Sabía que ibas a escribir esto quejándote del folklore nórdico en nuestros pagos, y me quitaste la iniciativa (por suerte).
En California, si bien no alcanza nuestra temperatura, tampoco nieva y tampoco se privan de nevar arbolitos con aerosoles y atormentar a desempleados y mexicanos indocumentados que eludieron el muro trajeándolos de Papá Noel; colocan un muñeco de nieve artificial en los tejados y festejan la Navidad pagana con el mismo fanatismo ingratamente familiar que el resto del país.
La mayor queja que yo tenía, antes de perder a familiares y parientes y volverme hipersensible al calor (aunque nuestro verano ya no es tórrido sino una infecta lluvia de humedad candente), era le cena del 24 en compañía de la parentela. Pero habiendo caído un cortinado luctuoso sobre todos nosotros (todos los que conocíamos), en Nochebuena yo estoy acá, delante de la pantalla, sin haber consumado excesos gastronómicos ni enológicos.
Trato de ir a la iglesia, empero el fastidio que me provocan esas pequeñas multitudes que atraen mosquitos (a los que soy alérgico) es más fuerte que la necesidad sentida de asistir a la misa, cosa que acostumbraba hacer a la medianoche y te aseguro que, en grata compañía, en alguna parroquia de provincia, es un evento delicioso.

Ahora recuerdo cómo esperábamos a los Reyes Magos una época (uno de mis primeros recuerdos) poniendo los zapatitos, la palangana llena de agua para los camellos y la alfalfa o lo que cazzo coman; de Papá Noel no nos interesábamos. Hemos adoptado festividades peores a nuestra pervertida manera, es decir la oportuna: San Patricio, Halloween. Esos tres turcos, o dos "bobres durgos" más el negro Baltasar se debían encontrar a sus anchas. Puede que una cierta fobia hacia los "parditos" los haya alejado de nuestras fronteras y en cambio hayamos dado la bienvenida al albino normando con panza cervecera y nariz colorada de tanto chupar. No es que no exista sino que para en General Belgrano donde los negocios tienen carteles en alemán, único idioma que entiende y no se aleja ulteriormente por temor a perderse en las pampas. De modo que, al haber perdido confianza en los dres bobres durgos berdidos en el llano -quizás hasta cuatreros-, y al no recibir la visita del gordo abrigado junto a sus renos muertos deshidratados por el camino, nuestra navidades son cada día más solitarias, pobladas de cadáveres, risas de vecinos que se empedan y morfan y nos provocan una envidia que deseamos les explote un petardo en la cara, y no recibimos una mierda de regalo, en especial por habernos portado tan mal habiendo crecido y convertidos en adultos burgueses, derrotista, escépticos y pelotudos que transpiran al lado de una parrilla que bien serviría para cremar alguno de nuestros familiares idos.

Como sea, el 25 de diciembre es la fecha correcta del nacimiento de Cristo -no de Jesús- habida cuenta de que nuestro calendario es el gregoriano. La fecha jesuana o histórica es hipotéticamente el 23 de diciembre, día de la "Navidad de los tontos" de varios pueblos y pequeñas ciudades inglesa, galesas y escocesas.
Pasaré informáticamente a saludarte y desearte Felices Fiestas. Si das con alguna cena acorde a nuestros grados te estaré sumamente agradecido por la información, porque en cuanto a las comidas no te falta razón y lo experimento en carne e intestino propios cada 25 en que me levanto con una fermentación gástrica tumbadora y un aliento putrefacto que podría suicidarme inhalándolo cubriéndome la cabeza con las sábanas.