martes, 19 de agosto de 2008

LA OBSERVACION



Perpetuum Mobile - Penguin café orchestra

Apretó el botón, se activó un zumbido como de avión a reactor tomando impulso, le continuó un “bip” y la hoja a4 salió caliente y crujiendo de las entrañas de la fotocopiadora. Repitió la acción con otra hoja de la base de datos de reemplazantes. Hubiera anotado la cantidad de fotocopias con un lápiz anaranjado de no ser por que la bibliotecaria le alcanzó en ese momento un bolígrafo azul. El grafema arábigo que indica el número dos quedó estampado en el control diario de fotocopias de su puño y letra. Devolvió el bolígrafo a su dueña y retornó el camino de regreso a la oficina con los originales y sus respectivos clones de papel todavía calientes entre sus manos. Abrió la puerta y saltó los dos escaloncitos que llevan a la galería. Detrás de él la puerta de madera se cerró sola lenta y pesadamente. Miraba sin mirar a los mosaicos granulados y rosáceos, desde su perspectiva le parecían más rombos que cuadrados, aunque, cambiando el punto de vista uno podía verlos como perfectos cuadrados. “Todo cuadrado es un rombo, pero no todo rombo es un cuadrado” meditó – segundo año de secundaria, año mil novecientos noventa y tres. Todo eso aconteción durante tres escasos metros de caminar rápido y sin ruidos por la galería hasta que la siempre preguntona y dicharachera M., le dijo: ¿Por qué no estabas en tu oficina? Él levantó la vista y la miró fijo – le cuesta mirar fijo cuando lo indagan tan de improviso - se dirigió en línea recta a sus ojos azules sin dejar de mirar las salpicaduras de su acné adolescente y el marcial flequillo lacio que caía en cascada sobre su cara de luna llena -“Estaba sacando fotocopias” – le contestó tranquilamente dándose media vuelta para dirigirse a ella, que ya se había cambiado el jumper por el uniforme de educación física. Por unos segundos se miraron fijamente y ella con su serenidad adolescente le lanzó: “Tenés la mirada triste ¿Qué te pasa? El abrió los ojos sorprendido. “No me pasa nada en especial, yo soy así” – le contestó. ¿Estás seguro? Tenés la mirada triste. Le volvió a inquirir. Él bajó la mirada como buscando un espejo que le pueda dar un reflejo de lo que M. veía en su mirada pero ante la polvorienta opacidad de esas baldosas que o son rombos o son cuadrados según de donde se vean, levantó nuevamente la mirada ante los ojos límpidos y serenos de M. y nuevamente le dijo: “No no me pasa nada, soy así, estoy bien”. Ella estiró la boca verticalmente esbozando una de esas sonrisas apagadas y escépticas y dijo “Bueno, mejor si estás bien. Que tengas buen día” – respondió y pegó media vuelta. El ya había pegado la media vuelta unos segundos antes. Las fotocopias ya se habían enfriado hacía rato, aunque él ardía por querer indagar a sus ojos por qué lo delataban de esa manera si se venía sintiendo tan bien últimamente.

2 comentarios:

Claudio, solo y nadie más dijo...

Lo leí de un tirón buscando saber qué pasaría;es un cuadro,a mi entender,y que su atmósfera tiene colores demasiados tenues para quien no pueda distinguirlos(no estoy seguro de esto);es un muy emotivo cuadro,entiendo que debe ser entrañable y suscitar emociones por sus solas imágenes.Me refiero a que lo encuentro lindísimo.Y,de esto estoy seguro:unos cuantos habrán de sentirse representados en la sensación retratada.Me contradigo:la verdad es que yo me siento retratado.La fuente de la contradicción.

LORD MARIANUS dijo...

Se trata justo de eso Claudio, de un cuadro, unos pocos segundos de intercambio de sensaciones entre dos personas. Un intercambio sorpresivo que lo es, justamante, por la sensibilidad de la observación. Gracias por tu observación.